El Monumento a los Descubrimientos
El Monumento a los Descubrimientos (en portugués, Monumento aos Descobrimentos), popularmente conocido como Padrão dos Descobrimentos (ver padrão), es un monumento construido en 1960, en la margen del río Tajo, en Belém, Lisboa, para conmemorar los 500 años de la muerte de Enrique el Navegante.
Fue encargado por el régimen de António de Oliveira Salazar, tiene 52 metros de altura y celebra a los marineros, patrones reales y todos los que participaron en el desarrollo de la Era de los Descubrimientos. Los autores de la obra fueron el arquitecto José Ângelo Cottinelli Telmo y el escultor Leopoldo de Almeida, que se encargó de las esculturas.
Rosa de los vientos del monumento.
Tumbas del rey Manuel I y su esposa María y de Juan III y Catalina de Austria.
En esta capilla se encuentran apoyadas sobre elefantes las tumbas del rey Manuel I y su esposa María y de Juan III y Catalina de Austria.
Tumba de Vasco de Gama en la iglesia del monasterio de los Jerónimos en Belem
Tumba de Vasco de Gama en la iglesia del monasterio de los Jerónimos en Belem
Estos espectaculares sepulcros de los citados grandes personajes de la historia de Portugal fueron realizados en el siglo XIX por el escultor portugués Costa Mota.
Los jardines de la Quinta de la Regaleira
Los jardines de la Quinta de la Regaleira se encuentran llenos de especies exóticas de árboles y plantas. Pero lo más sorprendente son sus túneles secretos, una red de galerías, túneles y grutas entre los que se esconden pequeños estanques y zonas de vegetación.
Te encontrarás con cascadas escondidas y bellísimas fuentes, como la famosa Fuente de la Abundancia.
POZO INICIATICO
Una espectacular torre invertida que se hunde cerca de 27 metros, con acceso a través de una monumental escalinata en espiral. Los nueve rellanos circulares del pozo, separados entre sí por quince peldaños, evocan referencias a La Divina Comedia de Dante, y pueden representar los nueve círculos del infierno, los del paraíso o los del purgatorio.
En el fondo del pozo está, embutida en mármol, una rosa de los vientos sobre una cruz templaria.
Como curiosidad os contaré que el pozo se denomina iniciático porque se sabe que era usado en rituales masónicos de iniciación. Se planteó como un espacio de consagración, de connotaciones herméticas y alquímicas, donde se intensifica la relación entre la tierra y el cielo.
Capilla de la Santísima Trinidad de la Quinta Da Regaleira
Capilla de la Santísima Trinidad. De estilo neomanuelino, al igual que el palacio, su decoración tiene como tema central el ciclo mariano y de Cristo. Su simbolismo también alude a la Orden de Cristo, heredera de los Templarios. Algo muy curioso es que esta cripta tiene un acceso subterráneo que la une con el palacio.
Iglesia de San Antonio en Lisboa – Su Casa Natal
La historia de San Antonio –Fernando Martins de Bulhões en el bautismo– comienza en Lisboa, ciudad donde nació alrededor de 1195 (hoy se apunta como más probable el año 1192), en el tradicionalmente fijado 15 de agosto, en una casa frente a la Catedral, consagrada algunos años antes, tras la reconquista de Lisboa a los moros, en 1147.
De familia acomodada y noble, sería esta casa digna de su condición, unida a la tradición de sus nobles progenitores: su padre Martins de Bulhões, considerado por muchos como descendiente del célebre Godofredo de Bouillón, comandante de la primera cruzada, y la madre, Doña Teresa Taveira, que descendía de Fruela I, rey de Asturias.
Esta casa natal de San Antonio habrá sido lugar de veneración y culto desde muy pronto, con la edificación de una capilla de pequeñas dimensiones dedicada al Santo. Data ya del siglo XVI, en pleno periodo de los descubrimientos, la edificación de una iglesia por iniciativa real de Don Manuel I, llamado “el Venturoso”. Sin embargo, el primero de Noviembre de 1755 dicha construcción fue arrasada por el terremoto de Lisboa, salvándose la capilla mayor y la cripta, con la estancia natal del Santo.
Enseguida se decide la construcción de una nueva iglesia, comenzando los niños de Lisboa a pedir “un tostonciño para San Antonio”. Al efecto, levantan pequeños altares en las calles para alentar la recaudación, tradición que aún se mantiene en la semana del Santo.
El templo actual fue edificado entre 1767 y 1787, según el proyecto de Mateus Vicente de Oliveira, arquitecto de la gran Basílica de la Estrella, en Lisboa. De líneas sinuosas en el diseño de la fachada y la escalinata, se ajusta al estilo tardo-barroco característico de la reurbanización pombalina.
El interior de la iglesia es de una sola nave, con cubierta abovedada en cuña y con el uso abundante de mármoles coloridos. Destaca igualmente la riqueza de los altares de la segunda mitad del siglo XVIII, del pintor portugués Pedro Alexandrino, y los azulejos de la sacristía, de la misma época.
En el altar mayor se alza la antigua imagen quinientista del santo patrono, salvada milagrosamente del terremoto, encontrada intacta bajo los escombros.
Pero el corazón de la iglesia es la cripta –lugar donde nació San Antonio– bajo la capilla mayor, a la que se accede por la sacristía. Juan Pablo II la visitó en 1982. En esta sencilla estancia abovedada y de paredes de caliza blanca, un altar señala el lugar donde nació, con la inscripción: “Nascitur Hoc Parva ut Tradunt Antonius Aede Quem Coelinobis Abstulit Alma” - “En esta pequeña casa, según la tradición, nació y habitó Antonio, cuya alma el cielo nos arrebató”.
El panteón de la Condesa de la Vega del Pozo y Duquesa de Sevillano
Es de un estilo ecléctico historicista, muy utilizado a finales del siglo XIX, mezcla de varios, como el neorrománico-lombardo de sus fachadas, la decoración a base de mosaicos bizantinos en su interior, y la decoración mudéjar de sus capiteles internos.
El panteón, en planta de cruz griega, está dividido en dos plantas, la superior dedicada al culto, donde se destaca la pintura sobre madera de un Cristo crucificado y la falsa cripta donde se encuentra un monumento sepulcral central, compuesto por dos cuerpos donde está enterrada la duquesa, obra del escultor modernista Ángel García Díaz, y en nichos, sus parientes más cercanos.
Dos nazarenos como homenaje escultórico a la Semana Santa
Dos nazarenos con sus capirotes representando a un adulto y un niños, portando un candil y un cirio, en aleación de bronce y una altura de 1,5 metros, componen la escultura, que el Ayuntamiento de Guadalajara dedica en homenaje a la Semana Santa y que ha sido instalada en la plaza de Santa María junto a la concatedral. Es obra del escultor madrileño Óscar Alvariño
La estatua del Cardenal Mendoza
Al final, mucha literatura y mucha crónica vertida en torno a don Pedro. Superadas las fobias y las filias, la estatua no tiene otro cometido que el recordarle. Una vida densa y envidiable, ocupada de problemas (porque los poderosos siempre los tienen) y adornada de lujos. Como dije hace tiempo, y pido perdón por la autocita, así fue el paso material y perdurable de este personaje difícil y profundamente hispano. Hijo de su tiempo a él podemos imputar cuanto de malo cupo en su vida. La generosidad, la inteligencia y la habilidad política, junto a las obras de arte que patrocinara, vamos a ponerlo como patrimonio hondo y unigénito de su alma para que siga latiendo sin violencias su memoria. La estatua del Infantado es una evidencia de que mereció el recuerdo, y lo tuvo.
La Iglesia de Santa María de la Fuente la Mayor
La Iglesia de Santa María de la Fuente la Mayor, como así se la denominaba, por tener frente a ella y junto al palacio del Cardenal Mendoza, una fuente de buenas aguas, traída hasta allí a finales del siglo XV, es una de las diez parroquias que existieron en Guadalajara, al menos, desde la Baja Edad Media. En el siglo XV es ya la iglesia más importante de la ciudad, hasta el punto de que el Gran Cardenal, Pedro González de Mendoza, solicitó y obtuvo del papa, Sixto IV, en 16 de noviembre de 1478, la consideración de iglesia colegiata. Ya en el siglo XX, en 1959, Santa María adquirió el status de Concatedral.
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